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Islandia es un destino encantador por varias razones, aunque puede que la más importante sea el hecho de que sea una isla multifacética y, a pesar de tener las mismas atracciones y lugares disponibles para visitar a lo largo del año, la diferencia entre viajar en invierno o hacerlo en otra época del año es mucha.

El sol abundante y los verdes paisajes del verano son sustituidos por días bastante cortos y un país repleto de nieve de pies a cabeza. No hay ningún rincón que se salve de ese blanco tan brillante. La tierra de los vikingos coge un aire verdaderamente impresionante, casi, casi, como si se tratase de una película.

En todo caso, a pesar de que la isla cuenta con un brillo muy característico, es importante saber cuáles son las atracciones disponibles o qué se puede hacer en una época tan fría. Con tan pocas horas de luz (aproximadamente 6-8) y con temperaturas tan bajas (normalmente bajo 0º), hay que aprovechar el tiempo al máximo.

Si quieres empaparte un poco de turismo islandés nevado, continua leyendo porque te va a interesar.

Viajar a Islandia en diciembre

El primer mes del invierno y, por ende, el más frío de los tres.

Las temperaturas oscilan entre los -10º y los 5º grados, aunque depende del lugar donde te encuentres. Como seguramente ya sabes, la sensación térmica en el norte es mucho más menor que en el sur.

El abrigo y la ropa térmica se vuelven esenciales, al punto de que se necesita estar protegido de pies a cabeza para tener una visita placentera por Islandia.

Puede que el primer lugar que debas visitar sea la Blue Lagoon, una laguna artificial con aguas termales y sauna incluida que queda aproximadamente a unos 20 minutos del aeropuerto de la capital (Keflavík). Es una parada perfecta para sacudirte un poco esa sensación de frio que tienes nada más llegar a Islandia, aunque no totalmente obligatorio… Como dije al principio, hay muy pocas horas de luz, así que estas se deberían aprovechar al máximo.

En el propio aeropuerto de la capital puedes alquilar un coche o furgoneta para moverte libremente por Islandia mientras estás allí. También te puedes mover en autobús, lo que es mucho más económico.

De todas formas, si puedes permitírtelo, lo mejor es alquilar un coche, mejor si es un 4×4. Normalmente todo el paisaje y parte de las carreteras estarán cubiertas de hielo, además de que hay caminos que tienen una vía de tierra (en este caso de nieve por la temporada) para poder acceder a ciertos lugares. Todo esto no será ningún problema si cuentas con  un 4×4.

Como todo está cubierto de hielo, los lugares donde puedes obtener verdaderas experiencias antárticas son el Parque nacional de Thingvellir y el Geysir, el primer géiser en formarse en la tierra y de donde los demás obtuvieron su nombre.

Viajar a Islandia en invierno. Noche nevada con árbol de navidad

En Thingvellir (a unos 50 minutos de la capital Reikiavik) se encuentra la separación de las placas tectónicas que divide el continente europeo del asiático y lo que normalmente suele ser un paso de agua bastante impresionante, en invierno se convierte en una estructura de hielo de una gran trayectoria que recorre toda la zona.

Por su parte, el Geysir (a hora y media de la capital Reikiavik) es una mezcla entre una experiencia volcánica y una  invernal. Es una aventura cubierta de hielo con temperaturas opuestas porque, si bien hace mucho frio en el ambiente, la temperatura del agua supera los 100º C.

La superficie da un ambiente imponente. Estar ante un agujero que expulsa agua y vapor a una altura de 20 metros y con tanta intensidad es un momento único, además de que es algo que solo se puede apreciar en invierno (en otras temporadas, el vapor no se aprecia tanto).

Para los amantes de las fiestas de año nuevo, comentar que en Islandia se vive con tanta intensidad como en muchas otras partes del mundo. Es tal la intensidad que el cielo queda completamente iluminado durante un par de horas gracias al montón de fuegos artificiales que tiran los habitantes de la isla.

Viajar a Islandia en enero

A mitad del primer mes del año, la temperatura se vuelve un poco más “amigable” (entre -5º y 10ºC), por lo que es una buena opción para aquellos que no pueden tolerar el frio excesivo del recién llegado invierno.

De hecho, es un mes ideal para aquellos que viajan con la intención de ver las auroras boreales. Gracias a que las noches son mucho más largas que los días, hay muchas oportunidades de ver un cielo verdaderamente pintoresco en casi cualquier lugar de la isla.

La mayor pega de eso, sin duda, son las bajas temperaturas que hay por la noche, al punto de que es un verdadero reto fotografiar o filmar el espectáculo de luces sin temblar de pies a cabeza.

El cráter que hay en Kerid también es una buenísima opción para visitar ya que, al igual que la mayoría de atracciones en Islandia, durante el invierno adquieren un especial encanto.

Se trata de un lago de cráter volcánico a escasos minutos de la capital. El cráter, compuesto por roca volcánica roja, tiene 55 metros de profundidad, pero es en los últimos 10 metros donde se encuentra el lago. Durante el invierno, el agua del lago se congela por completo dando paso a una especie de pista de patinaje dentro de un mismísimo cráter volcánico. ¡Fascinante!

Al igual que pasa con el cráter, los alrededores de las cascadas también se cubren de nieve y los riachuelos y pequeños pozos que hay cerca del lugar donde desemboca el agua, se congelan por completo dando paso a una visita diferente a la que en podemos hacer en otra época del año.

Si tienes la oportunidad de visitar Islandia en invierno, súbete a la cima de una cascada y mira el esplendor que hay dentro del propio escenario nevado. Es una imagen difícil de olvidar.

Skogafoss de noche iluminado

Las cuevas de hielo son otra buena oportunidad para llevarse un poco de la esencia Islandesa, aunque su visita, a diferencia de los otros lugares mencionados, hay que planificarla.

Para visitar Kerid, el Geysir o simplemente ver las auroras boreales, no es necesario contratar una visita guiada. Es cierto que las hay y a precios muy aceptables, pero no es algo obligatorio. Puedes ir a cualquiera de esos lugares prácticamente a cualquier hora y disfrutar de la magia de cada uno de ellos.

Sin embargo, con las visitas a las cuevas de hielo no ocurre lo mismo, cosa que es entendible ya que hay cierto peligro en adentrarse en una cueva de hielo por cuenta propia. Si quieres hacerlo, tendrás que contratar una visita guiada, la cual puedes reservar por Internet o en la propia capital islandesa.

Hay algunas personas a las que no les gusta mucho esa idea ya que su objetivo es conocer el país de manera autónoma, pero sería un error ir a Islandia en invierno y no adentrarse en una cueva de hielo.

Viajar a Islandia en febrero

En el último mes de la temporada, la temperatura poco a poco va aumentado, situándonos en escalas un poco más aceptables, lo que nos da pie a visitar lugares un poco más acuáticos, por así decirlo.

Un buen ejemplo de ello son las playas repartidas por toda la isla, tanto de arena negra como de arena blanca. Eso sí, no es nada recomendable que te metas en el agua porque,  para empezar, el oleaje en invierno es bastante traicionero.

Después porque las playas son bastante frías en cualquier temporada, así que sería totalmente absurdo que alguien considerase meterse en el agua el pleno invierno. Lo bueno de las playas en invierno es que tienen un aspecto diferente ya que la arena esta mezclada con la nieve de manera muy natural, cobrando un aspecto chulísimo en la arena negruzca.

Los glaciares son otra de las atracciones principales del norte de Islandia. En las demás temporadas, estos suelen flotar alrededor de las lagunas que se forman a su alrededor, pero en invierno se forman unas estructuras de pura nieve y hielo muy impresionantes, de diferentes tamaños y formas, adquiriendo la propia visita un tono aún más invernal, si cabe.

Grupo de personas con guía en la montaña

Para los aventureros más extremos también hay actividades disponibles. Cuando visitas Islandia y te das cuenta del frío que hace y lo cubierta de hielo que está, lo último que se ocurriría pensar es en nadar o bucear; sin embargo, estas dos actividades son más que posibles durante todo el año en la isla.

A pesar de que el parque nacional de Thingvellir se encuentra cubierto de nieve de pies a cabeza, hay una zona específica donde el agua siempre se mantiene a una misma temperatura, por lo que es ideal para quienes quieran bucear y conocer cómo se ve la delgada línea que divide Europa y Asia.

Los que quieran aventarse en este tipo de actividades, deberán contactar con algunas de las empresas de turismo ubicadas en la capital para recibir la asesoría y el equipo necesario: un traje de neopreno especial que mantendrá tu cuerpo caliente y alejado de las bajas temperaturas.

Esperamos que con todo lo que te hemos contado, puedas configurar un itinerario lo suficientemente completo como para disfrutar el invierno islandés tanto como cualquier otra época del año.